Pude haberme sentado a la mesa con mis enemigos, comido de sus platos, de sus fuentes bebidos.
Puede haber sido perversa y mala por momentos, no haber tenido piedad por nosotros ni los distintos.
Pude no haber podido muchas cosas que otros si pudieron en contra mío.
Pude no prenderle fuego, pero ahogarme en los gritos.
Pude no ser la diferencia entre miles y ser idéntica como un prototipo.
Pude reírme falsamente, pude ser histérica y sin la moral de lo prescripto.
Pude amar a hombres ajenos, ajenos a elegirme en libertad y espíritu.
Pude amar a hombres solos, con sus esposas e hijos.
Pude amar a un don nadie y aun así haber sufrido.
Pude callarme las veces que quise y que debí decirlo.
Pude matar el alma, el cuerpo, los pensamientos, los buenos ratos con mi caos prolijo.
Pude acaso, pude sentirme celestial haciendo meditación respirando cortito.
Pude sí, pude, hacerme la estúpida y no ceder ni un poquito.
Pude claro que pude. Fui mentira de la carne, fui un espejo del paraíso.
Pude y fui un territorio sin alambrado ni testigos.
Pude creer que me moría cuando vi que no estabas conmigo.
Pude haberme sentado a la mesa de mis enemigos, comido y bebido de sus arcas, disfrutado de sus mieles y sus vinos, ultrajando mi pensamiento y usando su piel como abrigo.
Pude claro que pude, mi amor no debió ser diferente al de otros.
Pude amar hasta el cansancio, sin amor correspondido.
sábado, 30 de abril de 2011
miércoles, 16 de marzo de 2011
En guaraní...
Mi abuela contaba de su río, de su cielo,
de su mar de cosas meciéndose entre sueños.
Le hablaba en guaraní a mi padre
y él todavía lo repite con lágrimas en los ojos.
Sé de dónde vengo,
aunque seguro mi alma tuvo miles de destinos…
pero mi abuela me tiene presa
en el recuerdo de su río.
Y cuando me paro a contemplar
el Paraná que va despacito
vacilante en su curso de agua marrón
la tarde me da silencios que respiro,
y palabras en guaraní que nunca he oído
me abrazan y me llenan los ojos de amor,
como a mi padre.
de su mar de cosas meciéndose entre sueños.
Le hablaba en guaraní a mi padre
y él todavía lo repite con lágrimas en los ojos.
Sé de dónde vengo,
aunque seguro mi alma tuvo miles de destinos…
pero mi abuela me tiene presa
en el recuerdo de su río.
Y cuando me paro a contemplar
el Paraná que va despacito
vacilante en su curso de agua marrón
la tarde me da silencios que respiro,
y palabras en guaraní que nunca he oído
me abrazan y me llenan los ojos de amor,
como a mi padre.
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Hadita
sábado, 19 de febrero de 2011
No es tu pecho dormido,
como duerme el cielo en el infinito.
Ni tu voz profunda
reclamando un beso.
Ni tu mano en mi cintura.
O tu olor en mi cuerpo.
No. No es nada de eso.
Es saber exactamente
de que estas hecho.
De que madera son tus raíces.
De que parte de la tierra,
son tus matices.
Es saber exactamente,
que sos el amor verdadero.
como duerme el cielo en el infinito.
Ni tu voz profunda
reclamando un beso.
Ni tu mano en mi cintura.
O tu olor en mi cuerpo.
No. No es nada de eso.
Es saber exactamente
de que estas hecho.
De que madera son tus raíces.
De que parte de la tierra,
son tus matices.
Es saber exactamente,
que sos el amor verdadero.
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Hadita
jueves, 23 de diciembre de 2010
Soltar amarras
Resulta que dicen que hay que soltar amarras.
Mientras pensaba en que hilos imaginarios que he cortado a la largo de estos años, me doy cuenta de que existen aún... como hebras finitas, como pensamientos no tan constantes y traslucidos, como pequeños fragmentos de luz en el fondo de algún pozo.
Resulta que cuando uno dice que suelta amarras, en realidad ejerce su derecho a olvidar.
Pero mientras pienso esto, sé que no he olvidado nada, que sigue intacto en mi cada segundo por el que he luchado.
Resulta que cuando uno cree que ha soltado amarras, vuelven a uno las secuelas, los ecos de las viejas cosas.
Resulta que cuando uno se ha olvidado de soltar amarras, creyendo haberlas soltado a todas, aparece en alguna calle, en algún paisaje, en algún aroma, su cuerpo intacto, si risa sencilla, la lagrima que amarra todo en una postal que no podido soltar ni el peso de los días o el paso de los años.
Mientras pensaba en que hilos imaginarios que he cortado a la largo de estos años, me doy cuenta de que existen aún... como hebras finitas, como pensamientos no tan constantes y traslucidos, como pequeños fragmentos de luz en el fondo de algún pozo.
Resulta que cuando uno dice que suelta amarras, en realidad ejerce su derecho a olvidar.
Pero mientras pienso esto, sé que no he olvidado nada, que sigue intacto en mi cada segundo por el que he luchado.
Resulta que cuando uno cree que ha soltado amarras, vuelven a uno las secuelas, los ecos de las viejas cosas.
Resulta que cuando uno se ha olvidado de soltar amarras, creyendo haberlas soltado a todas, aparece en alguna calle, en algún paisaje, en algún aroma, su cuerpo intacto, si risa sencilla, la lagrima que amarra todo en una postal que no podido soltar ni el peso de los días o el paso de los años.
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Hadita
jueves, 9 de diciembre de 2010
Todo
No teníamos nada
y sin embargo nos embarcamos en el mejor de los delirios.
En la puerta de los que esperan siempre algo
nos arrastramos por inmensos y escandalosos abismos.
Eras tan tierno como siempre,
yo era tan simple como siempre he sido.
No importa si me decís que me has agotado;
las semillas, en mi crecen flores como racimos.
Tengo fértil las manos de todo lo que te he dicho.
Ahora y antes fuimos soñadores
recurrentes de los mismos sitios.
Vos me dejabas y yo te amarraba con mis besos.
Yo te dejaba y siempre volvías con un puñado de delirios.
No teníamos nada antes.
No tenemos más nada que ahora.
No teníamos más nada que perder.
Y habíamos perdido todo,
me paraba en los perfiles de las puertas
me apoyaba sola en las ventanas
pero ahora...
me asomo de tu cintura por las balcones.
Ningún aguacero fue nuestro.
Ninguna tormenta tan reciente.
No tenemos más nada,
no tenemos, ahora, más nada...
y sin embargo nos tenemos,
sin la estúpida melancolía de las cosas
sin la desolación que parte al medio la rutina de la vida.
No teníamos nada.
Y ahora nos tenemos amarrados en un beso,
atados a la siesta de otoño
Náufragos, rehenes
mar adentro de un con vos y un conmigo,
en nuestro hijo.
Todo.
y sin embargo nos embarcamos en el mejor de los delirios.
En la puerta de los que esperan siempre algo
nos arrastramos por inmensos y escandalosos abismos.
Eras tan tierno como siempre,
yo era tan simple como siempre he sido.
No importa si me decís que me has agotado;
las semillas, en mi crecen flores como racimos.
Tengo fértil las manos de todo lo que te he dicho.
Ahora y antes fuimos soñadores
recurrentes de los mismos sitios.
Vos me dejabas y yo te amarraba con mis besos.
Yo te dejaba y siempre volvías con un puñado de delirios.
No teníamos nada antes.
No tenemos más nada que ahora.
No teníamos más nada que perder.
Y habíamos perdido todo,
me paraba en los perfiles de las puertas
me apoyaba sola en las ventanas
pero ahora...
me asomo de tu cintura por las balcones.
Ningún aguacero fue nuestro.
Ninguna tormenta tan reciente.
No tenemos más nada,
no tenemos, ahora, más nada...
y sin embargo nos tenemos,
sin la estúpida melancolía de las cosas
sin la desolación que parte al medio la rutina de la vida.
No teníamos nada.
Y ahora nos tenemos amarrados en un beso,
atados a la siesta de otoño
Náufragos, rehenes
mar adentro de un con vos y un conmigo,
en nuestro hijo.
Todo.
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Hadita
sábado, 13 de noviembre de 2010
Pero tambien...
Estoy hecha de agua cristalina,
de hojas con el viento
y carne de cordero.
Estoy envuelta en cristales de roca,
en algodón de campos verdes,
iluminada por la luna en creciente.
Estoy abrazada por fuegos antiguos,
mis pensamientos son lazos,
mi piel viene desde siglos descalzos.
Estoy hecha de polvo y tierra,
de mariposas y escarabajos,
mis labios son coral y mármol.
Pero también...
Estoy hecha de volcanes y espanto,
de furias y ciclotimias,
de sepulcros y llantos.
Estoy hecha de miseria y maltrato,
de lugares comunes y complejos,
de estupideces y pánico.
Estoy siempre esperando un mal trago,
las dificultades en la prorroga,
la espera siempre la espera,
que se caiga una bandera
que me desnude algún santo.
de hojas con el viento
y carne de cordero.
Estoy envuelta en cristales de roca,
en algodón de campos verdes,
iluminada por la luna en creciente.
Estoy abrazada por fuegos antiguos,
mis pensamientos son lazos,
mi piel viene desde siglos descalzos.
Estoy hecha de polvo y tierra,
de mariposas y escarabajos,
mis labios son coral y mármol.
Pero también...
Estoy hecha de volcanes y espanto,
de furias y ciclotimias,
de sepulcros y llantos.
Estoy hecha de miseria y maltrato,
de lugares comunes y complejos,
de estupideces y pánico.
Estoy siempre esperando un mal trago,
las dificultades en la prorroga,
la espera siempre la espera,
que se caiga una bandera
que me desnude algún santo.
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