
En el horizonte empiezo a ver las primeras sombras de lo que pronto será una fiesta de colores que jamás nadie haya visto.
Amanece en Tafí del Valle y la luna ilumina la cima de un puñado de casas entre sembradíos y árboles castaños muertos de frío.
Más arriba desde un camino que tapa los oídos pero no los sentidos, se ven los Valles Calchaquíes como una postal, pero estoy ahí dentro de ese paisaje… soy parte del viento.
Caminito a la puna un día mas tarde siete colores… ocho, nueve, miles de colores adornan lo que más quiero ver : Purmamarca. Ahí está el pueblito entre casitas bajas y miles de turistas y puestos. Ahí están los siete colores que veía en fotos. Purmamarca tanto soñé con conocerte, y ahí estoy… respiro hondo y lo suelto… de a poco empiezo a descargar el equipaje que traje conmigo en silencio.
Humahuaca y Tilcara me miran desde otro lugar y es como yo quiero. Un aire puneño me despeina mientras soy otra y subo a lo más alto de una calle ya sin aliento…y ahí en un grito le digo a la pachamama: acá estoy vine a dejártelo a vos, yo ya no puedo. Te lo regalo como ofrenda, un amor que ya no sostengo.
El camino sinuoso marca el regreso, vuelvo a Salta cansada pidiéndole permiso al sueño para depositar el cuerpo.
El alma se me queda en la puna soñando.
Esta rutina no tiene ni por casualidad lo que miro ahora en fotos, tampoco tiene lo que fui a dejarle y me traje de nuevo.
Amanece en Tafí del Valle y la luna ilumina la cima de un puñado de casas entre sembradíos y árboles castaños muertos de frío.
Más arriba desde un camino que tapa los oídos pero no los sentidos, se ven los Valles Calchaquíes como una postal, pero estoy ahí dentro de ese paisaje… soy parte del viento.
Caminito a la puna un día mas tarde siete colores… ocho, nueve, miles de colores adornan lo que más quiero ver : Purmamarca. Ahí está el pueblito entre casitas bajas y miles de turistas y puestos. Ahí están los siete colores que veía en fotos. Purmamarca tanto soñé con conocerte, y ahí estoy… respiro hondo y lo suelto… de a poco empiezo a descargar el equipaje que traje conmigo en silencio.
Humahuaca y Tilcara me miran desde otro lugar y es como yo quiero. Un aire puneño me despeina mientras soy otra y subo a lo más alto de una calle ya sin aliento…y ahí en un grito le digo a la pachamama: acá estoy vine a dejártelo a vos, yo ya no puedo. Te lo regalo como ofrenda, un amor que ya no sostengo.
El camino sinuoso marca el regreso, vuelvo a Salta cansada pidiéndole permiso al sueño para depositar el cuerpo.
El alma se me queda en la puna soñando.
Esta rutina no tiene ni por casualidad lo que miro ahora en fotos, tampoco tiene lo que fui a dejarle y me traje de nuevo.
Desgraciadamente las palabras quedan chicas ante tanto increíble por describir. Ojala todos tengan la posibilidad algún día de conocer el Norte Argentino. Gracias a los acompañantes de lujo que no supieron que significaba este viaje pero colorearon con risas y alegría la ida y el regreso.